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El asiento del jinete

Muchísimo se ha escrito acerca de este tema. Cada autor tiene su particular manera de explicarlo y lo cierto es que muchos difieren entre si. El tema genera debates y preocupación constante en jinetes e instructores.

Trataremos de analizarlo paso a paso y de interiorizarnos de las partes que lo componen. En las diferentes disciplinas el asiento puede adaptarse, pero partiremos del conocimiento del asiento neutral utilizado para trabajo en el llano tanto en equitación clásica como en equitación western.

El mejoramiento del asiento depende de varios factores a tener en cuenta: la conformación del jinete, el pleno entendimiento teórico de lo que el correcto asiento significa, el desarrollo de la propiocepción y un adecuado tono muscular.

Conformación del jinete:

Las características individuales de cada jinete, su estatura, su peso, su edad, sexo, el grado de tonicidad muscular, la aptitud y también su alineamiento corporal, las desviaciones de la columna en todos los planos, son ingredientes muy importantes a ser tenidos en cuenta por el instructor a la hora de corregir la posición y el asiento. Estas características dan a cada jinete su especial modo de sentarse sobre el caballo. La manera en que nos sentamos sobre el caballo es la misma en la que nos sentamos, caminamos y movemos en la vida. De manera que, si esto es tenido en cuenta, muchos problemas de alineación corporal pueden ser corregidos o mejorados desde el lomo de un caballo. Un instructor con un ojo entrenado podrá concientizarnos de las partes de nuestro cuerpo que debemos trabajar, manteniendo una naturalidad y estilo propio.

Las copias de estilos producen en muchos casos, rigidez, posturas forzadas y carentes de naturalidad;, es como ponernos un saco que no fue diseñado para nuestro cuerpo.

Entendimiento teórico:

Aunque todo deporte es esencialmente práctico, es importantísimo para el jinete conocer los fundamentos teóricos del correcto asiento, como así también las partes de la anatomía que están involucradas. Conocerlas, sentirlas y ser capaz de diferenciarlas hace la tarea práctica más fácil. Es difícil corregir algo que no se conoce, a lo cual se suma que en la práctica nuestro caballo también esta en movimiento y es sensible a cada una de las reacciones de nuestro cuerpo. En la calma de la teoría es posible aprender los conceptos sobre los cuales vamos a necesitar trabajar cuando estemos sobre el caballo.

Propiocepción y tono muscular:

Como el asiento del jinete no es algo estático demanda ajustes continuos. Por eso la capacidad de sentir cada mínimo cambio en nuestra posición es muy importante. El registro de la posición en el espacio de cada parte de nuestro cuerpo lleva tiempo para desarrollarse y requiere un progresivo y conciente entrenamiento.

Esto seria sencillo si pudiéramos observarnos en un espejo mientras montamos. El espejo nos devolvería la ubicación de nuestro cuerpo. Pero esto no es posible al montar con lo que ese registro lo debemos crear en nuestra mente y en nuestra sensibilidad con la ayuda de un profesor.

Para montar necesitamos también desarrollar un tono muscular óptimo. Si bien necesitamos relajarnos, esto no debe ser entendido como ausencia de tonicidad. Para crear un asiento estable, necesitamos un tono muscular apropiado. Sin el mismo la postura del jinete no tiene consistencia. Poder relajar algunos músculos mientras se tensan otros es indispensable para lograr un asiento independiente.

Para desarrollar estas capacidades es ideal complementar la práctica de la equitación con otras disciplinas como yoga, pilates, eutonía y también artes marciales.

Anatomía y Biomecánica:

Vamos a hablar del asiento de una manera más general, mirándolo no solo como una gran área que es la que está en contacto con el caballo, si no también conociendo la anatomía ósea y muscular que lo conforman. Es un área de comunicación entre el binomio por donde pasa el más sutil intercambio.

La cadera esta conformada por las crestas iliacas, los isquiones, la pelvis el sacro y el coxis. Se articula con el fémur por medio de una cavidad donde se aloja la cabeza del fémur, siendo esta articulación junto con la del hombro las más móviles de nuestra anatomía. El fémur, el hueso mas largo de nuestro cuerpo, posee una protuberancia cerca de articulación llamada trocánter mayor en donde se insertan numerosos músculos protagonistas de la aducción y rotación de la pierna. Lo más importante es que nuestra cadera alberga nuestro centro de gravedad.

En cuanto a la musculatura son muchos los músculos que intervienen. Los músculos abdominales junto con el glúteo mayor son los encargados de mantener la estabilidad de la cadera y también de evitar la comprensión lumbar y lordosis que conducen a una falta de efectividad total del asiento y lo más probable a las lesiones lumbares. Son los grandes antagonistas del psoas iliaco, un músculo poco conocido, pero que por estar insertado en las apófisis de vértebras lumbares y también el fémur es el responsable de dos defectos muy comunes al montar, el ahuecamiento de la zona lumbar y la elevación de la pierna. La musculatura interior de la pierna como los aductores y posterior como los isquiotibiales, son muy importantes para mantener la estabilidad de la pierna y lograr ayudas precisas y eficaces. Ambos recorren el muslo en sus caras interna y posterior y se insertan en la cadera. También los músculos  encargados de la rotación de la pierna tienen su protagonismo.

Como podemos ver, nuestra zona pélvica esta rodeada por importantes y poderosos músculos los cuales con su accionar, grado de tonicidad y mecánica nos permiten una adaptación en mayor o menor grado a nuestro caballo. No podemos cambiar nuestra parte ósea pero si hay mucho que podemos hacer sobre nuestra musculatura en cuanto a flexibilidad y tonicidad.

Dicha adaptación debe ser lo suficientemente plástica para poder resolver cada uno de los diferentes movimientos que los aires del caballo nos imponen, que a su vez varían con el grado de entrenamiento, el desarrollo de la musculatura del propio caballo, y de un caballo a otro.

Claves para mejorar el asiento:

  • Un instructor o alguna persona pie a tierra que nos pueda ayudar.
  • Clases de volteo y a la cuerda
  • El tono muscular necesita de un correspondiente estado cardiovascular para poder sostenerlo.
  • Clases en un caballo bien entrenado, dócil y con un buen equilibrio ya desarrollado.
  • Una montura apropiada. (es inútil intentar corregirnos en una montura mal diseñada)
  • Aprender a usar la respiración y el centro de gravedad.
  • Conseguir un buen alineamiento corporal.

La importancia del mejoramiento del asiento es clave para desarrollar una mayor armonía y comunicación con nuestro caballo. Es en lo que jinetes e instructores más debemos trabajar día a día.

No podemos pedir relajación y soltura a nuestro caballo si nos sentamos rígidos sobre él y con excesos de tensión en nuestro cuerpo, tampoco podemos pedir equilibrio si nuestra postura carece de balance y alineamiento. Y con ello, una lista larga de demandas imposibles de cumplir por nuestro caballo si no comenzamos a aplicarlas en nosotros mismos.

El arte de la equitación y la franca comunicación entre un jinete y su caballo depende enormemente de la calidad del asiento del jinete.

 

Andrea Pigazzi
Preparadora Físico- Deportivo
Instructora de Equitación
Centered Riding Instructor Level 1.

 

 

     

Escuela de Equitación RELINCHOS - Cruz Grande
(CP 5178) Provincia de Córdoba, República Argentina
www.relinchosargentina.com.ar       andreapigazzi@gmail.com